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La humildad de todo un pueblo San Juan Diego Cuautlatoatzin

Por Gaby Pacheco Publicado Diciembre 09, 2020
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LA HUMILDAD DE TODO UN PUEBLO
EN SAN JUAN DIEGO CUAUTLATOATZIN.

A 489 años del acontecimiento Guadalupano, es sorprendente cómo “los nuestros” cuentan la historia de “uno de los nuestros”.
Hoy 09 de Diciembre recordamos a San Juan Diego de Cuautlatoatzin(que significa: Águila que habla o El que habla como águila) canonizado con el nombre en náhuatl, además del castellano, el 31 de Julio del 2002 por San Juan Pablo II y habiendo transcurrido 471 años del Acontecimiento Guadalupano (1531); es el primer indígena de América canonizado; modelo de humildad, espíritu de servicio, contemplación, predicación, penitencia y mortificación, llevando una vida de virtud. No obstante que en aquella época sólo a los Sacerdotes les era permitido comulgar varias veces al día, el Obispo Fray Juan de Zumárraga le permite a San Juan Diego comulgar tres veces por semana, aún sin que se lo haya pedido.
​San Juan Diego Cuautlatoatzin tenía 57 años al darse el Acontecimiento Guadalupano, en esa época ya era considerado un anciano, portador de sabiduría. Por lo regular los Santos son conmemorados el día de su muerte, pues se supone que en esa fecha llegan al Cielo, y en el caso de San Juan Diego, es en el día que “visitó el paraíso” al aparecérsele Santa María de Guadalupe.
​Pero qué relación existe entre el pueblo de Zozocolco, Veracruz, y San Juan Diego?
Quiero compartirles un dato interesante que he escuchado y que ha captado mi atención, pues habla mucho de lo que somos como mexicanos. La tradición como forma de seguir contando nuestra historia, sigue vigente en la era digital de la comunicación.
​En efecto, Zozocolco de Hidalgo, es un municipio ubicado en el noroeste del Estado de Veracruz, México; pueblecito perdido en las montañas entre Papantla y Poza Rica, a unos 100 kilómetros de la capital del estado, Xalapa; ocupa una superficie de 106,11 kilómetros cuadrados y su nombre proviene de las lenguas náhuatl: Xoxo-colco, que significa “En el alfarero de barro”; con una población de apenas 3,221 Habitantes (INEGI, 2010)
Es precisamente en Zozocolco de Hidalgo, Veracruz, en donde la tradición, es decir el relato de boca en boca, viene contando el acontecimiento Guadalupano, donde los pobladores identifican o se refieren a San Juan Diego, nombrándole “uno de los nuestros”


Sucedió al Padre Ismael Olmedo Casas, el 12 de Diciembre de 1995,antes de iniciar su predicación, al preguntar a los fieles de dicho lugar, donde misionaba, qué era lo que celebraban ese día; y lo que transcribo a continuación es lo que ha sucedido:
“–¡Buenos días, Grandes Jefes! Queremos que nos platiquen sobre la Virgen de Guadalupe. Hoy, en la fiesta de la Virgen de Guadalupe.
“–¡Señor Cura, Jefe servidor de las cosas santas, buenos días!
“–Te platico lo que hemos oído a los ancianos, nuestros abuelos: Hace muchas pascuas [fiestas] de San Miguel, hace casi mil cosechas [dos por año], hace casi 500 vuelos del Palo Volador [un vuelo cada año durante una fiesta], sucedió que allá en el centro de donde nos mandaban a nosotros, que éramos servidores del Emperador Gran Señor, que vestía fina manta y hermosos plumajes, y ofrecía por el pueblo al Dios Bueno lo que la tierra producía y la sangre de sus hijos para que el orden de la vida siguiera adelante, llegaron hombres de cabello de sol, que nosotros ya sabíamos de su llegada; pero no esperábamos esos malos tratos de su parte, porque los creíamos enviados de los Ángeles, y sólo trajeron mugre, enfermedad, destrucción, muerte y mentira: Nos hablaban de un Dios que amaba, pero ellos con su vida odiaban.
“–El pueblo ya estaba cansado, cuando en una obscura mañana de la media cosecha fuerte del café [mediados de diciembre], a uno de los nuestros le regaló Dios, Dios Espíritu Santo, un mensaje del cielo. Como lo dijera el Libro Grande de nuestros hermanos los mayas [el Popol Vuh]: El hombre se había portado mal, y el gran Dios mandaría a alguien para rehacer al hombre del maíz.
“–También el Libro Grande de los españoles [la Biblia] dice que después de que el hombre destruyó la armonía que había en el Universo, manifestado en el vuelo perfecto del Volador, merecía la vida sin felicidad, pero Dios prometió que alguien nacido de una de nuestra raza, Mujer, nos devolvería la sonrisa a nuestros rostros, nos quitaría el mecapal con la carga en la cuesta más pesada, y haríamos fiesta días enteros, sin acabarse [la Vida Eterna].
“–Apareció, así lo dicen los Jefes, en el Cerro del Anáhuac, una señal del mismo Cielo, a donde llega la manzana del Volador: Una Mujer con gran importancia, más que los mismos Emperadores, que, a pesar de ser mujer, su poderío es tal que se para frente al Sol, nuestro dador de vida, y pisa la Luna, que es nuestra guía en la lucha por la luz, y se viste con las Estrellas, que son las que rigen nuestra existencia y nos dicen cuándo debemos sembrar, doblar o cosechar.
“–Es importante esta Mujer, porque se para frente al Sol, pisa la Luna y se viste con las Estrellas, pero su rostro nos dice que hay alguien mayor que Ella, porque está inclinada en signo de respeto.
“–Nuestros mayores ofrecían corazones a Dios, para que hubiera armonía en la vida. Esta Mujer dice que, sin arrancarlos, le pongamos los nuestros entre sus manos, para que Ella los presente al verdadero Dios.
“–Los tres volcanes surgen de sus manos y en el pecho, aquellos que flanquean el Anáhuac y el que vio la llegada de nuestros dominadores, que para Ella tienen que ser tenidos y tenerlos como de una nueva raza, por eso su rostro no es ni de ellos ni de nosotros, sino de ambos. En su túnica se pinta todo el Valle del Anáhuac y centra la atención en el vientre de esta Mujer, que, con la alegría de la fiesta, danza, porque nos dará a su Hijo, para que con la armonía del Ángel que sostiene el cielo y la tierra [manto y túnica] se prolongue una vida nueva. Esto es lo que recibimos de nuestros ancianos, de nuestros abuelos, que nuestra vida no se acaba, sino que tiene un nuevo sentido, y como lo dice el Libro Grande de los españoles [la Biblia], que apareció una señal en el cielo, una Mujer vestida de Sol, con la Luna bajo sus pies y una corona de Estrellas, y está a punto de parir.
“–Esto es lo que hoy celebramos, Señor Cura: la llegada de esta señal de unidad, de armonía, de nueva vida.”
A 489 años del acontecimiento Guadalupano es sorprendente cómo “los nuestros” cuentan la historia de “uno de los nuestros”.
Gaby Pacheco.

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